“La vida nos regala a los amigos a los compañeros,
y si tenemos suerte, a una buena familia”
La segunda familia, esa que por suerte nos llega tras el esposo (a), es un lazo que aparece sin pensar, sin proponernos que existe, pero es tan real y fuerte como el establecido por el matrimonio.
Yo conté con la suerte de ganar una nueva familia, que ha sido siempre conmigo especial, afectuosa e incondicional.
Mis suegros siempre nos han apoyado oportuna y discretamente, respetando la autonomía de su hijo y su nuevo hogar.
Mi suegra, alma silencioso que me acogió con buena voluntad y el cariño de una madre que sabe que su hijo es bien querido. Siempre respetuosa, atenta e incondicional, me entregó parte de sus sueños y recuerdos de su vida familiar dejada atrás hace muchos años. La temprana falta de su hija mayor, la hacía sensible a su relación con esa nueva hija que ganó, y hoy le agradezco sus muestras de cariño hacia mi, y de mutua complicidad cuando me confesaba sentimientos que con nadie mas compartía.
Mi suegro, es un hombre lleno de ternura para conmigo, que me ve en cierta forma como a su hija, pues en sus palabras siempre me demuestra su apoyo incondicional, su preocupación por mi bienestar, y su gran deseo porque su hijo y yo, alcancemos los sueños que estamos buscando. Yo he conocido su lado mas sensible, y sé que tras esa imagen fuerte, imponente y dura, existe un hombre de gran corazón y bellos sentimientos hacia sus hijos, sus nietos y hacia mi.
Mi cuñadito Diego, que pese a ser todo un hombre, para mi sigue siendo el dieguito, fiel fotocopia de mi esposo. Un niño juguetón, travieso, curioso, que es hoy el soporte y apoyo de mi suegro, pues entre los dos sostienen una casa y un hogar que han sabido mantener con su amor mutuo, y el que desde la distancia nosotros les prodigamos.
Gracias a esa familia por acogerme y hacerme sentir como una parte importante. Su amor es bien correspondido pues siempre, sin importar la distancia, viven en nuestras mentes y nuestros corazones.