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Escribir y hablar
de la vida, es un
compromiso casi sagrado, pues eso es la vida, un regalo sagrado y
maravilloso,
del que casi nadie sabe nada, precisamente por su dimensión, por
sus facetas,
por sus alcances.
La vida es todo y nada, es materia que
busca trascender abriéndose caminos en el absurdo del diario
vivir.
Para mi la
vida se ha tornado en una
celebración permanente, en el disfrute de recorrerla mirando
dentro y no fuera
de mi. Es la oportunidad de entender el
por qué de estar acá, en un plano en que somos indefensos
e inexplicablemente
torpes frente a la maravilla de la creación, y tan vulnerables,
que solo
pasamos la vida buscando protecciones para afrontar este nivel, sin
detenernos
a pensar en qué estará mas allá.
¿como
abordar la vida?, ¿como encontrar un
equilibrio?, ¿como saber que esta bien o mal?.
La siguiente historia da para pensar en la
vida:
Un hombre viaja desde una gran ciudad,
hasta un pueblo lejano para consultar a un famoso maestro.
Cuando llega a su casa, advierte sorprendido
que los únicos muebles de los que dispone el maestro son, un
colchón tirado en
el piso, una mesa, dos sillas y una vela, y que el resto de la
habitación está
absolutamente vacía.
La consulta se produce, y el maestro
ilustra al visitante con gran sabiduría.
Antes de irse, intrigado por la escasez
del moviliario, el hombre le pregunta:
¿le puedo hacer una última consulta?
Si, por supuesto, contesta el maestro
¿Dónde están sus muebles?
¿Dónde están los tuyos?, es la
respuesta
¿cómo que donde están los
míos?, yo estoy
de paso, dice el visitante sin terminar de comprender, y el maestro le
contesta:
Yo también.
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