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“El que no ama a su
patria no puede amar nada”
(esto lo
entendemos mejor los que estamos lejos)
“Mami, ese
globo se fue para Colombia,
diles a mis abuelitos que lo reciban y me lo guarden”
Juan Camilo, en reacción a un globo de helio que se le
escapó de las manos.
Si viviera en
Colombia, tal vez, estas
líneas estarían demás, pero al estar lejos de mi
país, no puedo menos que
dedicarle un espacio para venerarlo, recordarlo y exaltarlo.
La
nostalgia se mezcla con olor a café, a
tierra húmeda, y fríos atardeceres bogotanos. La nostalgia sabe a amigos, familia y
recuerdos. Tiene un aire a inocencia y
niñez, a
adolescencia y picardía, a madurez y libertad.
Recorro con mi
mente sus calles, su aire,
su ambiente, y parece casi un sueño estar ahora tan lejos sin
saber hasta
cuando, sin entender por qué. Aun
con la
distancia y la extraña sensación que produce la ausencia,
lejos de estar triste
o añorar con dolor, me siento orgullosa de mi origen, el de mi
familia y el de
mis hijos, porque sé que esa hermosa tierra siempre
estará allí para nosotros,
acogiéndonos con el mismo amor y calor que prodiga una madre.
Colombia
está tatuada en mi piel, bajo
mis
poros, en mi corazón, en la sangre de mis hijos, en sus caritas
llenas de
esperanza, en nuestra vida cotidiana, en el cielo universal que
compartimos con
la misma luna y el mismo sol.
El exilio obliga a la memoria y al
corazón. A la primera a registrar
con
mayor intensidad cada recuerdo, y al segundo, a latir con mas fuerza
cada vez
que escucha algo de su tierra.
Colombia,
país de grandes contrastes y
esperanzas, tierra hermosa, grande, libre, pero ante todo feliz, y es
esa la
felicidad que día a día busco llevar a mi vida y a mi
corazón, pues es la única
manera de sobrevivir lejos de allí.
Los
Angeles, es en verdad una ciudad llena
de angelitos que de la mano nos han mostrado el camino.
Aunque todo se extraña, poco a poco el
corazón se va abriendo y va reconociendo las bondades de este
país y de esta
ciudad.
Hoy agradezco el poder estar
aquí, viendo
crecer a mis hijos con fortalezas tales como conocer y experimentar
otra
cultura si olvidar su origen, pensando y expresando en dos idiomas a la
vez,
rodeados de "los niños del mundo", pues sus amigos son
americanos,
mexicanos, japoneses, argentinos, brasileños, europeos,
centroamericanos.
Agradezco
todas las bondades que este país
rico le da a los inmigrantes, a todos aquellos que llegamos llenos de
sueños e
ilusiones. Acá todo es posible. Acá está el mundo, acá
ocurre todo, y me
siento afortunada de poder ser testigo de ello.
Mientras
esta tierra me acoja, la amaré
tanto como pueda, y siempre la recordaré con gratitud, la misma
gratitud que
siento por Colombia, a la que le sumo añoranza, nostalgia y mi
infinito amor.
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