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 HISTORIAS SIN SENTIDO

VOLVER A EMPEZAR

 Después de dos semanas de estar con mi familia, en mi tierra, hoy regresé al "país de las oportunidades", con la fe perdida, el alma destrozada y con una carga sobre mis hombros imposible de soportar, pues los sueños y las ilusiones quedaron atrás, solo me resta, volver a empezar. 

Cuando tomé la decisión de venir a probar suerte a este país, la vida de mi familia se derrumbó, mi madre y mis cinco hermanos menores sentían que perdían a la cabeza de ese hogar, víctima del abandono de un padre, de la pobreza y  la ignorancia.  Pero no había otra salida.  Estaba claro que en mi espalda recaía todo el peso de esas vidas que eran mi responsabilidad.

Fue triste pero necesario.  Aunque dolía en el alma, mas duro fue aún dejar a ese único amor que se encuentra solo una vez.  Ella lloraba de desconsuelo, y me suplicaba que no la olvidara, que ella me estaría esperando, y que su vida se limitarían a esperar el volver a vernos algún día.

Cuando los trabajos duros se hacían insoportables, y el cansancio y el sueño  me agobiaban, pensaba en ella, en sus lagrimas, en sus suplicas porque no la dejara, y esos recuerdos me ayudaban a seguir día tras día.


El tiempo fue pasando veloz, y tres años después de estar lejos de mi hogar, hice un alto para analizar lo que había logrado hasta el momento, y resolver como serían las cosas en los dos años siguientes que tenía previstos para permanecer en este país.

Hasta ese momento lo único que había conseguido era mantener dignamente a mi familia, pues  nunca les volvió a faltar un plato de comida en la mesa, ni ropa, ni educación, ni un techo donde vivir. 
También había logrado seguir cultivando el amor de mi novia, y la ilusión de nuestro nuevo encuentro, que sería definitivo para unir por siempre nuestras vidas.

A parte de esto, mi vida, si es que así podía llamarse, se limitaba a dormir cuatro horas en el día, cumplir con dos trabajos que físicamente requerían el cien por ciento de mis energías, alimentarme con lo que pudiera, y pagar la renta de mi habitación compartida con otro compañero de trabajo.

Tenía que reducir el monto de los envíos, y tenía que buscar la manera de ahorrar, pues con lo que reuniera en esos dos años siguientes, debía lograr un capital para invertir en un negocio en mi país.

Cuando pasaron los dos años, la soledad me estaba matando, el cuerpo estaba agotado, y las ilusiones comenzaron a desvanecerse.  No había reunido dinero suficiente para regresarme, mi familia cada día incrementaba sus gastos,  y los envíos se hacían mas necesarios cada vez.  Mi novia, ya no me quería esperar mas, y me dio el ultimátum para resolver nuestra relación.

Ante esta situación comprendí que regresar era un error, pero que seguir solo ya era superior a mis fuerzas.  Entonces con el dinero ahorrado, y un préstamo adicional, decidí traer a mi novia, que encantada aceptó mi propuesta.

Al verla volvió a mi la esperanza, las ganas de luchar y seguir adelante.  Sentí que era una etapa muy prometedora, en la que con un esfuerzo mutuo lograríamos ahorrar, y lograr por fin el sueño de tener algo propio en nuestro país.

Sin embargo, pasaron pocos días, antes que ella comenzara a exigir un mejor lugar donde vivir, ciertas comodidades, pero ante todo, mi tiempo, pues era muy poco lo que la veía. 
Yo entendí su posición y busqué un mejor lugar en donde ella se pudiera sentir bien.  Esto levantó su ánimo, y poco a poco, con mi apoyo y confianza, ella se fue abriendo paso en esta ciudad mounstrosa para el forastero.

Los problemas no se hicieron esperar, y comenzaron cuando ella percibió que el dinero fruto de mi trabajo no estaba en una cuenta de ahorros, ni bajo el colchón, sino que estaba destinado al sostenimiento de mi familia;
 "yo sabía que tu los estabas ayudando, pero no es justo que no dejes nada para ti", me reclamó;  "tus hermanos ya crecieron y ninguno trabaja.  Tu mamá no los puede controlar, ni controla el dinero que tu envías.   Allá, todos son unos flojos, gracias a ti.  Ninguno estudia, nadie hace nada.  Solo esperan tus envíos, para gastarlos sin piedad. Y mírate, estás acabado, mal vestido, mal alimentado, no tienes nada, no has hecho nada por ti".

Me resentí mucho con sus comentarios, pues sin mi dinero, mi familia no habría podido subsistir. ¿como era posible que ahora me culpara por lo que hacían o no hacían?.  Yo cumplí con mi parte, y ese hecho, lejos de avergonzarme, me enorgullecía.  Entonces llegó el momento de ser claro con ella:
"si tu creíste que ibas a llegar acá de niña bonita, pues te equivocaste, acá todo venimos es a trabajar, y duro.  No tengo nada, no soy nadie, pero he sacado adelante a mi familia, y sé que también entre los dos vamos a poder sacar adelante nuestro hogar.  Si estás de acuerdo, sigamos adelante, si no, mañana mismo te puedes regresar".

Sé que fui duro con ella, pero ante esa situación, no había mas alternativa que poner las cosas muy en claro, y resolver de una vez la situación.  Y así sucedió.  Ella nunca más me reclamó, nunca más se quejó, pero tampoco nunca me dio la razón.  Simplemente, en pocos días comenzó a trabajar en un restaurante cercano a nuestra casa.

Sin embargo, la relación si cambió radicalmente, y ella se tornó fría, distante, prevenida.  La sentía resentida hacia mi,  con deseos de decirme algo que siempre cayó.  Día a día veía como hacía su vida mas lejos de mi.  Empezó a tener amigas, a hacer vida social, y planes de los que yo nunca podía participar por mis rutinas de trabajo.

Yo nunca quise preguntarle nada, simplemente la dejé volar, pues sentí que esa era mi forma de recompensar su soledad, la falta de dinero y mi ausencia.  ¿qué podía yo hacer?.  ¿Ignorar a mi familia y abandonarla a su suerte sabiendo que allá carecían de todo?.  ¿dejar de trabajar tan duro para dedicarle mas tiempo a ella?, ¿y el dinero que?, ¿y las metas trazadas?.  Me sentía entre la espada y la pared.

Decidí dejar pasar un tiempo para ver que curso tomaban las cosas, y creo que ese fue mi gran error.  Al no resolver la situación, al dejar pasar los días sumergido en la monotonía, el aburrimiento, la soledad y el tedio, la vida se volvió insoportable, y entre ella y yo, se abrió un espacio infinito, que concluyó con su partida lejos de mi, sin una palabra, sin una explicación, sin un adiós.

No volví a saber nada de ella, y pasado un tiempo, tampoco me interesó seguirla buscando.  Estaba claro que no quería que la encontrara, que no quería saber de mi.  Con el corazón destrozado entendí que era momento de regresar a mi país, con mi familia.  Seguramente allí encontraría apoyo, y la confianza para emprender una nueva vida cerca a ellos.

Fue difícil que me reconocieran, y cuando lo hicieron, preguntaban con preocupación ¿que estaba haciendo yo allí?.  Solo esperaba el consuelo de mi madre, el apoyo de mis hermanos, el calor de un hogar que pese a las dificultades se había mantenido.  Pero lo que encontré fue todo lo contrario.  Una madre enferma, con capacidad solo para autocompadecerse, y sin autoridad ni para decidir que comer.  Unos hermanos perezosos, resentidos, malhumorados, y exigentes, que no me querían allí fiscalizando sus vidas, sino que querían el dinero acostumbrado.


Si llegué derrotando, mas derrotado me sentí al reconocer que ya no pertenecía a ese hogar.  Que esa ya no era mi vida ni mi familia, que no tenía a donde ir ni con quien estar, entonces, mas desconsolado aún, emprendí mi retorno a "la tierra de nadie y de todos", en donde por lo menos tengo 20 horas de trabajo aseguradas.



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